El aliado para la revolución social

El Comercio, 17 de setiembre de 2016

Las inversiones y las lecciones que provengan de China serán cruciales para cumplir las metas del gobierno de PPK.

La reducción del crecimiento real y potencial del PBI de la economía peruana de aproximadamente 2% en los últimos cinco años nos deja claro que en economía no existe tal cosa como el piloto automático, que es muy fácil desalentar la inversión y que el crecimiento y desarrollo del Perú están íntimamente ligados a la relación con China, nuestro principal socio comercial. De esto último parece ser plenamente consciente el presidente Pedro Pablo Kuczynski, y he ahí el sentido de su primer viaje como nuevo mandatario. 

Quienes gestionaron la economía peruana en la década de los noventa acertaron con las reformas y una de ellas fue clave: abrir la economía y girar su eje. Pasar de una economía que miraba hacia Norteamérica a una que mirase a Asia, especialmente a China, el nuevo motor de la economía mundial del presente siglo. La relación se ha ido profundizando, y a nivel gubernamental se ha plasmado en un acuerdo bilateral de relación estratégica integral. 

En su primer mensaje a la nación, el presidente Kuczynski planteó como meta y visión una revolución social que permitiese pronto que el Perú sea un país moderno y justo. 

En la historia moderna, el mejor ejemplo de una revolución social es lo sucedido en las últimas décadas en la misma China. Revolución que sus líderes bautizaron como el objetivo de alcanzar una “sociedad armoniosa”, haciendo eco a la filosofía confucionista. En sus planes oficiales quinquenales se plasmó, con la característica sabiduría pragmática china, cómo pasar a la población “del campo a la ciudad”. Según el nuevo plan quinquenal, para el 2021 esperan haber urbanizado a 1.000 millones de habitantes. 

Este objetivo de pasar “del campo a la ciudad”, cargado de simbolismo, también significa transitar del pasado a la modernidad, del siglo XX al XXI, de la pobreza a la dignidad, de ser víctimas de la historia reciente a ser dueños de su futuro. Por lo tanto, no era pasar del ámbito rural al urbano, sino a ciudades que les den vidas modernas y dignas. 

—Lecciones chinas—
Si algo podemos aprender del milagro chino es que para una revolución social se requiere una revolución en infraestructura. Planificaron pasar a ciudades modernas, no solo con todos los servicios básicos (agua, desagüe, energía, seguridad, Internet, transporte, etcétera), sino que también interconectaron las ciudades entre sí y con el mundo, con trenes, puertos y aeropuertos. Un ‘aggiornamento’ histórico para devolverle la grandeza a la nación, la dignidad a las personas, la armonía a la sociedad. 

Además de aprender del desarrollo acelerado chino, para el Perú la meta debe ser posibilitar el aporte de nuestro aliado estratégico en temas fundamentales para nuestro desarrollo. Solo algunos ejemplos: China tiene algunas de las ciudades más seguras del mundo por las soluciones tecnológicas con las cuales equiparon las ciudades. En agua y saneamiento, deslumbraron al mundo con los gigantescos transvases, como el proyecto Tres Gargantas. En educación lograron ya el primer puesto en las pruebas PISA. Ni qué decir en hospitales, puertos, aeropuertos, etcétera. 

Los chinos han dado una lección al mundo, y es que en términos de desarrollo los tiempos son fundamentales. No es lo mismo reducir nuestro déficit en infraestructura de más de 100 mil millones de dólares en 10 años que en 100 años. Para hacernos una idea, cubrir nuestro déficit en infraestructura equivale a menos de 15 días de reservas netas de la economía china. La gran pregunta es cómo hacer para que la capacidad de aportar en nuestro desarrollo se concrete. Hay que romper paradigmas y barreras mentales. 

—Cambios rápidos—
Reformar Pro Inversión es clave. Que no se puede negociar de gobierno a gobierno, pues busquemos alternativas. El simple “no se puede” es inaceptable. Ya el presidente Kuczynski empezó a romper tabúes. Hace más de 20 años que los gobiernos repetían que la exoneración de las visas para los chinos era imposible por temas de seguridad. 

Se logró en una semana. Que la ley no permita que opere más de un banco chino en el país con el argumento de que tienen el mismo accionista es un absurdo, es no entender China, es como decir que los 1.400 millones de chinos son todos dueños de todos los bancos chinos. Quizá la iniciativa más importante de este viaje es la solicitud de participar en el nuevo Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (BAII), pues puede ser un medio para canalizar los recursos chinos y asiáticos para el desarrollo internacional, así como lo hacen los bancos multilaterales.

No tendremos un verdadero pacto social, una sociedad armoniosa, ni un país moderno mientras el Estado no dote de infraestructura y de servicios a la población. Esperemos que el viaje del presidente Kuczynski no sea solo simbólico y que la alianza estratégica integral con China se convierta en pieza fundamental de una revolución en infraestructura que permita lograr la ansiada revolución social. Este primer viaje es un gran gesto inicial.