Entre el cielo y la China

El Comercio, 17 marzo 2013

Esta semana, de manera casi simultánea, dos de las instituciones más relevantes del mundo en términos históricos y numéricos, el pueblo chino y el pueblo de Dios, han elegido a sus nuevos líderes: Xi Jinping y Jorge Mario Bergoglio.  Ambos a partir de esta semana guiarán a 2.500 millones de personas. Lo que aparece como una simple casualidad es sin duda una señal de gran trascendencia histórica para el futuro.

En el caso de China, acaba de culminar el proceso de transición de poder, que se da en dos partes. La primera es el Congreso del Partido Comunista Chino (PCCh) que se da en el otoño; y la segunda es la Asamblea Nacional del Pueblo, que acaba de terminar y en la que alrededor de tres mil delegados nombraron a Xi Jinping como su presidente. Además de este título también ostenta el de secretario general del Partido Comunista Chino y presidente de la Comisión Militar Central.

En el caso de la Iglesia Católica, a raíz de la renuncia de Benedicto XVI, los cardenales del cónclave eligieron con más de dos tercios de los votos al nuevo papa Francisco, quien también posee a partir de esta semana tres títulos: Obispo de Roma, jefe del Estado de la Ciudad del Vaticano y Sumo Pontífice de la Iglesia Católica.

Ambos han sido elegidos institucionalmente por su jerarquía, sin embargo, su legitimidad se ha visto refrendada simbólicamente por sus pueblos. En el caso de Xi Jinping por el Partido del Pueblo y en el caso de Francisco cuando pide la bendición del pueblo antes de otorgar su primera bendición. Y es que ambos se saben llamados a servir a su pueblo.

EL SUEÑO DE XI
Al tomar las riendas del país más poblado del mundo, Xi busca hacer realidad el sueño chino, que no es otro sino lograr la ansiada sociedad armoniosa con justicia social y oportunidades para todos. En este marco, sus retos principales son reducir la desigualdad, renovar el modelo económico –que se está agotando– transformándolo de una economía basada en la exportación y mano de obra barata a otra economía sustentada en el consumo interno; fortalecer las políticas para preservar el medioambiente, atacar de raíz la corrupción, continuar las reformas pendientes, y evitar que el materialismo sofoque los valores de la sociedad china.

Ser próximamente la primera economía del mundo exige de la China una mayor conciencia solidaria global y una colaboración efectiva para lograr la paz mundial. En ese sentido Xi tiene que continuar el proceso de apertura internacional.

DEL FIN DEL MUNDO HABEMUS PAPAM

Jorge Mario Bergoglio entró al cónclave como cardenal y salió Papa. Después de dos mil años de historia, la Iglesia ha buscado un Papa del nuevo mundo, más precisamente como dijo él en sus primeras palabras “delfin del mundo” refiriéndose a su natal Argentina.

Después de 500 años de evangelización, el papa Francisco de América Latina ha de liderar la Nueva Evangelización. Eligiendo el nombre de Francisco, el Papa entiende que su misión como Sumo Pontífice ha de ser inspirada en San Francisco de Asís, quien fue uno de los grandes reformadores de la Iglesia Católica, y que buscó la reconstrucción de la Iglesia desde sus cimientos. En su primera homilía con los cardenales, insistió en que la Iglesia debe proclamar a Cristo sin olvidar su cruz, pues la Iglesia no está llamada a ser una ONG piadosa. Lo cual coincide con una entrevista reciente en la cual el cardenal Bergoglio dijo que una Iglesia autorreferente y centrada en sí misma es una Iglesia enferma. La Iglesia debe estar constantemente saliendo al encuentro de las personas y de sus necesidades. La esperanza y sueños de los católicos está sobre el papa Francisco quien con esa humildad deberá renovar a la Iglesia y responder a las necesidades del mundo de hoy, anunciando a Cristo y promoviendo la justicia social.

AGGIORNAMENTO: RENOVACIÓN Y CONTINUIDAD

Tanto Francisco como Xi, cargando sus milenarias tradiciones, y guiando a más de un tercio de la población mundial, tienen el desafío de aggiornarse, “ponerse al día”, que no es otra cosa que renovarse para continuar su misión.

Siendo líderes de tantas personas en estos tiempos han de tener objetivos y responsabilidades comunes como la paz, el desarrollo y la justicia social. En ese sentido y en estos tiempos, habrán de agotar todos los esfuerzos para que la China y la Iglesia Católica se empiecen a entender y construyan caminos de diálogo y busquen puntos de encuentro.
Para Xi una responsabilidad concreta es que Occidente, entre ellos la Iglesia, pierda el temor a la China y en el caso del papa jesuita Francisco deberá referirse a San Francisco Javier y Mateo Ricci como modelos para acercarse más a la China.

La humildad de Francisco y la austeridad de Xi Jinping manifestadas en sus primeros gestos al haber asumido sus roles serán la clave para su liderazgo, pues les dará la credibilidad y autoridad para renovar sus instituciones y continuar con sus misiones históricas.

¿Esta coincidencia histórica de la elección del papa Francisco y de Xi Jinping será un símbolo de futuras relaciones armoniosas entre la China y la Iglesia Católica? Esperemos que sí por el bien de la humanidad.